domingo, 23 de septiembre de 2018

MeToo desde el escenario de un club de striptease

Desnuda y desde el escenario de un club de striptease asimismo se puede combatir el abuso sexual y contribuir al movimiento #Metoo, asegura la activista y stripper Viva Las Vegas, sobre la que este jueves se preestrenó el reportaje “Thank you for supporting the arts” (Gracias por respaldar el arte).

“Las bailarinas representamos a la mujer que se siente segura”, afirma esta escritora, músico, víctima de un cáncer de mama, madre y también hija rebelde de un pastor luterano en entrevista con Efe en Portland (Oregón).

En una urbe con el mayor número de clubes de striptease per capita del país, esta bailarina del conocido local “Mary’s” asegura no haberse sentido acosada o bien manipulada como stripper.

“Me sentí acosada sexualmente y manipulada en mi trabajo cuando ejercitaba como cronista, en mis años como estudiante universitaria, e inclusive trabajando como camarera. No me he sentido acosada ni manipulada en mi carrera como stripper”, explica.

Autora de 2 libros y artículos en publicaciones como Portland Monthly y The New York Times, resalta la relevancia de la independencia financiera como arma para defenderse de posibles ataques, si bien las trabajadoras sexuales prosiguen siendo objeto de crítica, aun en boca de feministas.

“Todo lo relacionado con las mujeres y el sexo acarrea a que las mujeres sean poderosas: gestación, nacimiento, atracción, hacer el amor, dinero”, afirma Liv Osthus, su nombre real, sobre un aspecto este último que cree está tras su mala imagen.

“El trabajo sexual es una profesión en la que las mujeres ganan más dinero que los hombres y creo de manera firme que de ahí que está criminalizada”, asegura.

Viva Las Vegas afirma que en su trabajo es “importante” sentirse segura al rehusar a quien se exceda y que el mayor peligro está fuera del club, lejos de los clientes del servicio, como los prejuicios que les complica el lograr un alquiler de una residencia o bien el poder mudar de profesión.

Dirigido por Alexander Jones y Carolann Stoney, “Thank you for supporting the Arts” es un reportaje sobre ella, sobre la liberación de la mujer y de la lucha universal para acotar la propia personalidad.

Stoney explica a Efe que “el movimiento #Metoo en EE.UU. se ocupa de víctimas, lo que ha perjudicado mucho al punto de vista del desnudo femenino sin victimizarlo. Liv Osthus no es la habitual stripper; es una intelectual, más bien una heroína con una actitud maravillosa”.

“Este reportaje no guarda relación con el victimismo, se trata más bien de poder mirar a tu cuerpo como una obra de arte”, asegura.

Y Viva Las Vegas cree de manera firme que lo que hace sobre el escenario es arte, mas asimismo considerablemente más, dar fuerza a las mujeres mediante su cuerpo.

Osthus empezó a danzar por razones intelectuales: “Estudié Antropología en la Universidad Williams, y creí que la manera en que se consideraba a las trabajadoras sexuales no era muy exhaustiva”.

Leyó sobre sexo y se percató de que el trabajo sexual no es inherentemente malo o bien lleva tácito “violencia contra las mujeres”. Amigas de 50 soles en SJM

“Hasta hace poco las mujeres éramos consideradas demasiado débiles para votar. Tratamos a las trabajadoras sexuales como ciudadanos de segunda clase, algo muy anti-feminista”, apunta.

Como hija de un reverendo de Minesota, Viva Las Vegas ve el escenario como su púlpito. “Me encanta predicar”, afirma en un tono confiado y sensual. Asevera que medró en un entrecierro muy liberal, si bien sus progenitores jamás han admitido su profesión.



La bailarina, que habla con fluidez alemán y francés y tiene un conocimiento práctico del suajili, afirma conocer bien lo que implica dar amor, entendimiento y orientación a una comunidad.

“Los clubes de strippers son únicos en el sentido de que acogemos y incitamos la mirada masculina”, opina sobre un papel que cree esencial en la sociedad.

Osthus defiende enérgicamente que ser stripper no confronta con el movimiento #Metoo que sacude desde hace un año la sociedad estadounidense con escándalos de abuso sexual.

“El movimiento #Metoo trata primordialmente de oír a las mujeres, y debo decir que muchas de ellas no desean oír a las trabajadoras sexuales y sus historias. Es absolutamente inadmisible. Esto no ha alterado en lo más mínimo en los veintidos años que llevo de profesión”, lamenta la artista, de cuarenta y dos años.

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